Hoy como todos los jueves estoy esperando al señor A. en la biblioteca desde donde os escribo con mi portátil. Es curioso, pero cuando cursé magisterio creo que entré a la biblioteca de la facultad de educación unas 4 veces. Una de ellas fué en Octubre de 2001, saqué un libro de allí y hoy, 27 de Noviembre de 2008 aún no lo he devuelto. Me mandaron un montón de cartas hasta que se aburrieron de mi y el miedo al escarnio público al devolver el libro. A veces he pensado en ir a la biblioteca y dejar como quien no quiere la cosa el libro que tomé prestado, pero entonces me viene un incívico ( ¿existirá esa palabra?) espíritu de vaguería y paso de ir porque me pilla muy lejos. Aunque no os lo creais yo leía mucho, muchísimo.... hasta me sabía el nombre del escritor de moda de la época.
Reconozco que aún siendo muy pequeña buscaba los pasajes mas pervertidos de las novelas para mayores y eso provocaba en mí, una agradable turbación. Recuerdo que una vez, cogí un libro de una de las estanterías del cuarto de estudio de mi casa cuyo título no recuerdo. Se que trataba del día a día de un hombre ciego y poco más. En uno de los capítulos este hombre relataba sus experiencias mas íntimas... creo que me dió bastante morbo y cual chiquilla de 13 años que cree tener en sus manos un instrumento de pecado lo guardé en la estantería para que mi madre no me preguntase por el...
-Horror, seguro que me descubre¡¡¿Cómo le digo que este hombre describe tan bien las guarradas desde los ojos de su tacto y que eso me excita sobremanera?
No volví a coger el libro hasta asegurarme que no había nadie en casa aunque por entonces ya había perdido la magia pervertida de lo prohibido. Así que poco a poco me fui olvidando de el, hasta que hoy se me vino a la mente en esta biblioteca mientras espero ansiosa al Señor A.

