
El jueves cogía el AVE hacia Córdoba. Creo que me quedé dormida mientras atravesábamos tierras manchegas. Primero siempre paso Ciudad Real, mas tarde Puertollano y después la zona de Despeñaperros. Siempre me han gustado los atardeceres porque pienso que la luz anaranjada del ocaso nos hace mas guapos y todo se ve mas bonito. La luz acariciaba los olivos y los pequeños lagos formados por la lluvia de la últimas semanas. A través de los cristales podía ver el aire con destellos transparentes de las tardes calurosas y me sentí muy contenta porque Un atardecer así solo se puede ver en Córdoba. Porque los atardeceres de primavera en mi ciudad no solo se ven, sino que huelen a azahar y se escuchan: suena a golondrinas que juegan coquetas en el cielo aprovechándo el último rayito de sol.


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